Mis Grandes Dudas. . .
Aunque no me lo creas, cada vez que veo el comportamiento de los pomposamente llamados “representantes populares”, siento más cisca; un enorme temor me invade, se me va el sueño y como decía aquel aborigen que vendía nopales todas las mañanas en Laguna de Términos, “me da retiarto coraje”, y ese miedo que no me deja, que me quita el apetito, nada más de verlos actuar en defensa no del pueblo que les confirió ese sagrado derecho y enorme responsabilidad de velar porque la cosa pública marche cada día mejor.
Siento muina nada más de verlos salir en defensa de lo que el pueblo mismo reprobó y calificó como uno de los gobiernos más corruptos, el de Jesús Aguilar Padilla. No hubo día a lo largo de esa enorme negra noche, en que no se documentara un ilícito, en que no se hiciera una denuncia pública, en que los diarios no publicaran que Fulano o Zutano era un nuevo millonario, enriquecido “sospechosamente” a la sombre de ese gobernante (? ); era raro no encontrarnos en las pantallas de los telediarios, las noticias sobre nuevos atracos en despoblado. Nos acostumbramos a leer también en los distintos diarios locales, cada miércoles y viernes, las notas surgidas en el Congreso del Estado, en donde los diputados ajenos al PRI mostraban, documento en mano, el sistemático desvío de recursos públicos. Fueron muchas las entrevistas otorgadas a la televisión por personas que se vieron afectadas por la ambición desmedida de quienes formaron parte de lo que el pueblo mismo dio en llamar Alí Babá y sus Cuarenta Ladrones, en referencia a aquel cuento de la literatura árabe, en donde el mero mandón, el jefazo, era quien se llevaba la mayor parte del botín, la rebanada más grande del pastel.
A lo largo de esos seis años, en el recinto parlamentario las voces de protesta se perdieron en el vacío, porque hasta allá llegó el brazo, cual gigantesco tentáculo, del jefe, del uyuyuy, como decía Héctor Lechuga, al grado de que ese Poder Legislativo, dentro del librito Soberano, terminó por rendirse ante el Ejecutivo, quién sabe bajo que promesas o argucias, pero también allí se le allanó el camino hacia la impunidad, o lo que es lo mismo, se le confirió el derecho de servirse con la cuchara grande sin rendir cuentas a nadie de ello. Todo ello lo vivió estoicamente el pueblo de Sinaloa, esperando casi veladora en mano, el relevo sexenal y con él, la luz de un nuevo día.
Pueblo ávido de justicia, de esa que se le negó durante seis años en todos los ámbitos, vio en Mario López Valdez la luz de la esperanza. Sus vehementes discursos en campaña sacaron a ese pueblo del letargo en que había estado y sí, por qué no, había que volver a tener fe, confianza, esperanzas por un mejor mañana; era menester volver a tener confianza en la justicia y qué mejor oportunidad para ver en prisión a tanto pícaro del gobierno aguilarista jugando polo sin caballo y, por qué no, pensar en que el líder de esos bandoleros sería también llevado a juicio.
Pero nadie contaba en que ese Poder Legislativo, una facción mañosamente adiestrada y acostumbrada a vivir entre las heces, lamentablemente mayoría en ese sagrado recinto parlamentario –porque “curiosamente” se les unen (sospecho que gracias a una buena dosis de maíz) otros corifeos de baja estofa-, y así, todos ellos aprueban esa administración haciéndola aparecer como impoluta.
Es aquí donde me entran mis dudas, porque si fueron capaces de aprobar esas cuentas públicas –incluyo aquí la de Mazatlán, en donde el otrora primer edil, Jorge Abel López Sánchez fue sistemáticamente señalado por sus continuos desvíos de recursos-, como también la de Culiacán, por ese gigantesco acto de magia en el que Jesús Vizcarra Calderón hizo desaparecer cientos y cientos de millones de pesos supuestamente ya presupuestados para obra pública, y que finalmente llevaron a la detención porque “se nos acabó la lana”, y todo quedó tirado, sin darme mayores explicaciones. ¿Qué pasará mañana? Mejor dicho, ¿habrá un mañana para Sinaloa en donde prive la luz, la justicia, la transparencia en el manejo de recursos públicos? ¿Acaso no lo merece este pueblo trabajador, alegre, bullanguero, amigo, leal, pero por encima de todo, trabajador y honesto? ¿Seguiremos padeciendo a esa lacra de políticos que hipócritamente te piden tu voto, para luego sólo atender el llamado de su pandilla, mandándote al carajo, lector, lectora queridos?
Creo que Sinaloa merece mejor suerte y para empezar, propongo que el actual gobernador se faje –término beisbolero que él mejor que yo conoce a la perfección-, y pida el auxilio de Auditoría Superior de la Federación y sea este órgano el que realmente fiscalice lo que en Sinaloa la Auditoría Superior del Estado sólo convalidó en beneficio de Jesús Aguilar Padilla y su séquito de trácalas; y si no ese Mario López Valdez, pues entonces el Poder Legislativo, digo, aquellos grupos parlamentarios que se manifestaron en contra, que representan las voces discordantes en ese Poder; o la Iniciativa Privada, que también padeció enormemente bajo el sexenio de Jesús Aguilar. Que alce la mano aquel órgano privado que tiene la calidad moral que la clase política del PRI desconoce, y que se convierta en el adalid que el pueblo de Sinaloa espera con ansiedad.
Me queda claro que sólo de esa manera, mis miedos, mis muinas desaparecerán. Estoy seguro de ello.
Comentarios: emmf24@hotmail.com